La tipografía es un sistema. Esta afirmación, que podría parecer una obviedad aplicando el modelo de pensamiento cartesiano occidental, tiene sus fallos, pues es una verdad a medias.
Según esa idea, todo sistema debería de ser perfecto para poder ser considerado como tal, un mecanismo de precisión matemática en el que cada elemento del mismo es una pieza que encaja y se combina con todas las demás por medio de un estudiado proceso en el que su concepción racional proporciona una pulida máquina de comunicación, una brillante obra de ingeniería conceptual. El intelecto racionalista puro tiende de esta manera a concebir la tipografía como un mero conjunto de signos convencionales y precodificados que, por obra y gracia del pensamiento postmedieval y maravilla de la tecnología moderna, es la simple traslación a los medios de comunicación mecánicos de arcaicos modelos de escritura manuales y, así, no entiende la tipografía más que como «escritura mecánica».
La tipografía es un sistema. Esta afirmación, que podría parecer una obviedad aplicando el modelo de pensamiento cartesiano occidental, tiene sus fallos, pues es una verdad a medias.
Según esa idea, todo sistema debería de ser perfecto para poder ser considerado como tal, un mecanismo de precisión matemática en el que cada elemento del mismo es una pieza que encaja y se combina con todas las demás por medio de un estudiado proceso en el que su concepción racional proporciona una pulida máquina de comunicación, una brillante obra de ingeniería conceptual. El intelecto racionalista puro tiende de esta manera a concebir la tipografía como un mero conjunto de signos convencionales y precodificados que, por obra y gracia del pensamiento postmedieval y maravilla de la tecnología moderna, es la simple traslación a los medios de comunicación mecánicos de arcaicos modelos de escritura manuales y, así, no entiende la tipografía más que como «escritura mecánica».